| Dístylo |
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A continuación se hace una descripción del monumento según el libro “El Distylo sepulcral romano de Iulipa” de García Bellido y Menéndez Pidal. El monumento romano de Zalamea estuvo, sin duda, emplazado fuera de los muros de la ciudad Iulipa, pues aparte de que su carácter funerario lo exigía así, los vestigios de la ciudad romana afloran en las huertas y sembrados del Sur, en la vertiente opuesta de la colina del castillo, y a considerable distancia del monumento. En la actualidad, queda englobado dentro del perímetro de la villa, en su centro mismo, destacando su mole imponente a los pies de la Iglesia Mayor, ya que aprovechando su construcción robusta, fue utilizado como superestructura para la torre-campanario de la iglesia. Al construirse la torre, quedaron ocultas en su fábrica y en la del templo una de las fachadas principales del monumento, la que está orientada al Norte, así como una de las laterales correspondientes al Este, por lo que sólo nos es posible contemplar la lateral que mira a Poniente y dos terceras partes de la principal al Sur. No obstante, desde el interior de la iglesia, y a través de un pequeño hueco practicado a la altura del coro, para el registro y entretenimiento de las pesas del reloj que corona la torre de nuestro monumento, ha sido posible reconocer en un buen trecho su fachada lateral a Saliente, ya que el muro de cerramiento de la iglesia correspondiente a sus pies, donde está emplazado el coro, no se adosa directamente al monumento romano, sino que con buen criterio, digno de consignar aquí, y merecedor de ser seguido en otras soluciones de compromiso similares, se independizó totalmente de él, con el máximo respeto para el monumento, organizándose en el espacio entre ambos muros la caja para alojar los aludidos contrapesos del reloj. La planta, como ya antes insinuamos, se encuentra orientada según los puntos cardinales, coincidiendo sus fachadas principales con la dirección Norte-Sur. Las dimensiones de su base, tomadas en el arranque del edificio, y de acuerdo con las restituciones que proponemos, basadas en la lógica simetría de su composición, deben ser, si nuestro razonamiento es exacto, de 5’70 m. para sus fachadas mayores dirigidas al Norte y al Sur, y de 3’49 m. en las laterales. Describiremos primeramente la forma, dimensiones y construcción del monumento en el estado en que ha llegado a nosotros, antes de fundamentar una reconstrucción que nos pueda dar una idea clara del aspecto que debió tener en su estado original de integridad. El monumento está construido con piedra de sillería, de granito, abundante en las inmediaciones de la villa, aparejada en hiladas horizontales de altura similar, con despiece no completamente regular, aunque con tendencia a disponer las trabas a soga y tizón. El podium, apoyado directamente sobre la roca que en la zona del monumento aflora muy superficialmente, tiene las dimensiones antes señaladas y 1’37 m. de altura, repartida en tres hiladas de unos 0’45 m. para cada una, y se remata con una sencilla moldura remetida con respecto al plomo general de la base, de 0’42 m. de altura, formada por un talón invertido apoyado en dos listeles y coronado por otro más, moldura que, como las restantes del monumento, contornea su perímetro. Sobre este podium así organizado se eleva el cuerpo o neto del basamento, con una altura de 6’43 m., compuesto a base de un orden apilastrado, disponiéndose cuatro pilastras en las fachadas principales y tres en las laterales; la separación entre pilastras es mayor en las dos fachadas principales (1’38 m entre sus ejes), que en las laterales (0’95 m solamente), siendo las correspondientes a los extremos, de ángulo, como es usual. El orden apilastrado del basamento de Zalamea se compone de los elementos característicos: pilastras estriadas con cuatro acanaladuras por cada una de ellas, y compuestas de sus capiteles su entablamento completo rematado por la cornisa de coronación. Las basas, apoyadas sobre plintos, cuyo resalto o perfil contonea el perímetro del monumento, se componen de dos toros casi iguales, separados entre sí y el zócalo por entrantes, y coronado el más alto por el listel de separación de la basa y la pilastra; la altura total de la basa, incluida la de su dado de zócalo, es de 0’44 m, de los que corresponden a éste 0,26 m. El cuerpo de la pilastra, de 3’32 m de altura, se encuentra estriado, como hemos señalado, con la particularidad de no estarlo en toda su altura, sino solamente en una longitud de 2’45 m, que corresponden de modo aproximado a los dos tercios superiores, quedando la parte inferior en su dimensión total de 0’87 m sin estriar y recrecida, los cuerpos de las pilastras rematan en un listel, a manera de collarino. Faltan, como ya hemos apuntado, todos los capiteles en el contorno que hasta ahora conocemos del monumento, por lo que sería gran fortuna apareciese alguno, o al menos sus fragmentos, en el perímetro que permanece oculto por los añadidos de la iglesia y torre, que permitiese determinar su orden y estilo. Del arquitrabe, con 0’73 m de altura, han desaparecido también las impostas inferiores, quedando, por el contrario, algunos pobres testigos de lo que fue su molduración de remate en perfil de talón y listeles; la altura de esta moldura es de 0’30 m. El friso tiene 0’60 m de altura, pero tampoco nos dejó vestigios de su decoración, si es que la tuvo, y por último de la cornisa también nos es desconocido su perfil al no subsistir sino sus restos erosionados que definen bien su dimensión total en altura, 0’45 m, pero no suministran informes sobre su molduración. Según las mediciones que anteceden, el basamento de nuestro monumento alcanza en total una altura de 7’80 m, de los que corresponden 1’37 m al podium de su base y 6’43 al neto o cuerpo apilastrado. Sobre el basamento así concebido y ordenado, y elevadas sobre un ático liso de 0’65 m de altura, se levantan las dos grandes columnas que formaron el monumento conmemorativo, apoyadas en sus correspondientes basas, de 0’77m. de altura y de perfil ático, sin plintos, y molduradas del modo usual; sobre ellas se levanta lo que aún queda de los fustes, al parecer truncados a igual altura, según dejan ver los añadidos y revestimientos que en gran parte los ocultan, altura que alcanza a ser de unos 8 m, medidos desde sus basas al remate de lo conservado. Dadas las dimensiones de las columnas, 1’45 m de diámetro en su base, fue preciso construirlas despiezadas no sólo en tambores, sino también en segmentos; así, las basas se reparten en dos hiladas, comprendiendo la inferir el toro de base, subdivididas radialmente como ocurre en un arco con sus dovelas, y alternando los sillares para obtener las trabas necesarias. Los fustes, en sus diecisiete hiladas o tambores conservados, presentan igual segmentación y trabas. Utilizando los datos que proporcionan los otros monumentos de similar destino, de los que alguno ha llegado íntegro hasta nosotros, se aclara suficientemente el remante del nuestro, ya que en toda la serie, las columnas pareadas que rematan la composición, sostienen un entablamento que las coronas, sobre el cual no han existido otros elementos, ya que en aquellos que le conservan, se ha podido apreciar su terminación en vierteaguas, incompatible con cualquier otro a él superpuesto. Si suponemos que el canon de proporciones del orden gigante del monumento de Zalamea, fue similar al del especialmente tan parecido a él, en todos sus detalles de Sermeda, es posible suplir idealmente las faltas de aquél: cinco hiladas o tambores para rematar su fuste truncado, que vienen a dar unos 2’14 m más de alto; 1’57 m de altura para sus capiteles, y aproximadamente 2’30 m para la altura total del establecimiento. El orden gigante de Zalamea quedaría dimensionado de esta forma: diámetro inferior de su columna, 1’45 m; la altura de la basa es de 0’77 m; la total de los fustes completados, como hemos expuesto, unos 10’14 m; su capital tendría 1’57 m, y el total del entablamento, los consignados anteriormente 2’30 m. El orden en total mediría muy aproximadamente unos 14’78 m, que, sumados a los 7’80 m de su basamento y a los 0’65 m de su ático de coronación, arrojan una altura total para el hito funerario de Zalamea de 23’23 m. Ya hemos esbozado anteriormente el sistema constructivo del monumento, cuando al iniciar su descripción fue necesario hacerlo para comprender algunos extremos. Ampliaremos ahora aquellas referencias para dar más completa idea de su fábrica. El examen del monumento y su similitud con otros de la provincia lusitana (templos y postescena de Mérida, templos de Evora y Talavera la Vieja), inducen a pensar en que sus paramentos de sillería de granito debieron de quedar ocultos, como en ellos, por un revestimiento de estuco fino a la cal, al que se superpondría quizá monumento, como en los señalados de Lusitania, las molduraciones aparezcan labradas tan toscamente, casi podríamos decir en su sólido capaz, debido a que el perfilado que daría forma a estos elementos decorativos, se realizó en definitiva con el estuco, del que si bien en Zalamea no parece haberse conservado testigos, sí nos es conocido por los ejemplos aducidos de la provincia. Por otra parte, es de señalar otro extremo que apoya nuestra tesis, al observar en el monumento de Zalamea una combinación de materiales de distinta naturaleza y aspecto, que sólo al quedar uniformados con una capa de estuco, es posible explicarse. En efecto, los vestigios a que aludíamos al hablar de las molduraciones del arquitrabe y de la cornisa, corresponden a sillares de estos elementos, que se encuentran todavía embebidos en sus respectivos lugares, y por ello “in situ”; y estos sillares moldurados fueron labrados en piedra arenisca de la localidad, la que, por ser de labra más y consentir mejor su perfilado, quizá fuese utilizada para estos elementos en lugar del granito, ya que por otra parte su color similar al del estuco a la cal, permitiría incluso dejarlos al descubierto, consiguiéndose con ello, aparte de una buena uniformidad en toda la construcción, reforzar aquellos elementos de la misma que, como las molduras, por sus finos perfiles podrían deteriorarse más rápidamente si se ejecutasen con estuco, poco resistentes para exteriores, en climas tan duros como el del centro de España. En contraposición de estas ventajas, la utilización de la arenisca ha traído como consecuencia la enorme erosión sufrida por las molduraciones del basamento, que han perdido su forma y perfil, privándonos con ello de los datos que ahora necesitaríamos para su estudio y restitución. Otros indicios parecen venir a confirmar la sospecha de que el monumento ha debido estar revestido con un estuco, que le daría una fisonomía diferente a la que hoy tiene, y que corrobora nuestra idea de que el poco cuidado aparejo de sillería no se planeó para quedar al descubierto. Así, observamos que el paramento de granito del basamento se remete en forma anormal, a partir de los collarines de su apilastrado, hasta el lecho inferior de la cornisa de coronación, volviendo los plomos a su normal situación por encima de dicha cornisa. Esta particularidad no tiene para nosotros otra explicación que la de suponer que en este remetido se alojó un chapado, que corresponderá a los capiteles de las pilastras y a los vanos que se originan entre ellos, así como a los chapados correspondientes a las importas del arquitrabe, y a los elementos del friso, partes todas del monumento que por sus más finos detalles de decoración esculpida, justifican el empleo de un material más resistente que un simple estuco, material que no pudo ser otro que la piedra arenisca, como en los testigos conservados pertenecientes a elementos del propio entablamento. Por otra parte, llama la atención al examinar las fachadas del monumento, la presencia de grandes oquedades producidas por lo general en los ángulos de encuentro de los sillares, lo que origina en su repartición una cierta tendencia a ordenarse en hileras horizontales. Pensamos que pudieran corresponder a cajas de grapas para fijar a su vez un chapado sobre los paramentos de fachada, pero no nos explicamos la manera de conseguirlo en los abultados del apilastrado, y parece más lógico suponer que fueron realizadas para recibir efectivamente grapas que proporcionasen mayor adherencia al revestimiento de estuco, evitando los frecuentes abolsados y desprendimientos. Sobre el podium del basamento, y en la fachada principal que mira al Sur, se aprecia una hilada incompleta de sillares, con su paramento vertical curvo como de arranque de bóveda de cañón. Para comprobar sus características y dimensiones se hizo una prospección, limpiando el terreno frente al supuesto arranque, paralelamente a la fachada ya a la distancia precisa del posible desarrollo del cañón, sin encontrar vestigios de cimentaciones, que de existir, están arrasadas, ya que lo superficial de ellas, y el afloramiento en superficie de la roca en que asentarían, no permitieron que se conservase. De todos modos, la existencia en los otros monumentos de destino similar conocidos, de criptas de enterramiento destinadas a los sarcófagos o urnas cinerarias, podrían explicar la existencia en Zalamea de una disposición similar, destinada a contener las cenizas de la persona o personas a cuya memoria se levantó el monumento. Epigrafía romana. Iulipa-Zalamea:
MP. CAESARI. DIVI. NERVAE. F. NERVAE. TRAIIANO AUGGERM PONT MAX. TRIB. PONT III COS IIII MUNIC. IVLIPENSE D.D.D. |



